lunes, 15 de septiembre de 2008

Acerca del Infinito.

Hay un conjunto de ideas que dieron y dan vuelta siempre en mi cabeza, y son justamente esas, que las cosas dan vuelta, vuelven a empezar, recurren a su origen, se disfrazan y desnudan eternamente en el baile de la existencia...

Acerca del infinito.

  Si hay algo que se me sugiere a primeras como realmente infinito, es el deseo.

 Obviamente esta palabra encierra mucho de lo cotidiano humano, y desde ya podemos empezar por definir ciertas categorías de deseos. Ya que si bien hay tantos y más, que personas habidas, existentes o por existir, y aunque muchos sean comunes a todos, no es lo mismo desear comida, que desear cenar con alguien en particular, desear una casa o desear salud, desear suerte que desear una solución, desear no desear o desear la pronta satisfacción.

 Más allá de todas las categorías, que suponen un trabajo casi inagotable desde mi punto de vista, todo deseo tiene unas características comunes, fluyen en un espacio-tiempo indispensable, ya que son humanos; y ocurren por voluntad o sin necesidad de ella. Digamos que son concientes o inconscientes, o ambas cosas a la vez, ya que no podemos en nuestra vida separar lo uno de lo otro, la existencia del deseo nos vive a cada segundo, más allá de abstracciones que fraccionen nuestro ser en conciente e inconsciente.

 El deseo tiene existencia (no hablo de procedencia) en nuestra mente, nuestras emociones, nuestro cuerpo y nuestro espíritu, es omni-abarcante en cuanto nuestra existencia, aunque según la persona y las dicotomías entre sus diferentes partes (que son delimitadas culturalmente) puede darse en contradicciones entre lo que deseo, lo que reprimo, etc...

 No es mi idea trabajar desde un punto psicoanalítico, pero bien hay que reconocer que esta dicotomía esencial a nuestra vida presente existe, no podría conjeturar que sea universal el planteamiento, la solución, etc.

 El porque de mi atrevimiento, en cuanto considero el deseo como infinito, se debe no tanto a que no podamos dejar de desear en lo personal o como especie, sino más bien al hecho que se presenta en ciertas ocasiones.

 A modo de ejemplo, cuando uno desea la eternidad...o ciertos estados místicos...o cuando uno desea a una persona.

 Pareciera ser que el deseo da sentido y por tanto nos define, como personas y nuestros posibles futuros.

 En el caso del amor, si bien no es eterno en cuanto promesa de sentir hacia una misma persona, en ciertos momentos ocurre el deseo de hacerlo eternamente...

 (no quisiera analogías filosóficas con Platón y su Amor, a Shopenhawer y su Voluntad, o a Freud y su Tánatos y Eros)

  Es más bien la matriz virtual, en que el deseo ocurre y nos da forma en existencia.

 El Amor...

 Quisiera abrazarte y hacerte el amor por siempre, al mismo tiempo que besarte cada poro, mientras caminamos mirándonos a los ojos estando dentro tuyo.

 

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